La vida pasa felizmente si hay amor

Recuerdo que a mi madre le gustaban las canciones de Luis Aguilé. Supongo que por aquel entonces la vida ya le había hecho sufrir más de un desengaño, y las canciones de este señor, que solían ser alegres y desenfadadas le hacían olvidarse durante un rato de su propia vida.
luis-aguile
Es una lata el trabajar
todos los días te tienes que levantar
Aparte de esto, gracias a dios
la vida pasa felizmente si hay amor.

Pues supongo que lo que dice esta letra facilona no deja de ser una verdad absoluta.
Sea amor por alguien, recibido de alguien, amor por uno mismo, amor por lo que se hace, o amor por dios, por el que tanto he envidiado siempre a la gente de fe. El concepto de amor que está por encima de la idea edulcorada que nos venden. Ese que nadie ha logrado definir con palabras, por lo que es tan complicado de explicar a aquél, o mejor dicho aquella, que nunca lo ha sentido.

Desde que nos conocimos, estaba muy claro que a Lina se la podía describir de muchas maneras, pero nunca hubiera podido decir que es apasionada. Asustado como estaba de historias donde el arrebato -el mío o el de otras- anulaba la razón, quise ver en ella la pieza que me faltaba para estabilizarme. La cantidad justa de hielo para evitar que la vida se me evaporara entre los dedos. Parece mentira que hayan pasado ya casi siete años desde que la conocí… y parece mentira que todavía hoy siga sin tener ni idea de si algún día ella sintió algo por mí.

Hasta las conversaciones espantosas de esas que se tienen durante los días de después de que alguien anuncia su desamor a la persona que sigue queriéndole, no había verbalizado esa sensación que yo había estado arrastrando desde el principio. No sé si es choque de culturas, si en su país la gente expresa su amor mediante ondas hertzianas y yo tengo el receptor estropeado… o si simplemente yo esperaba demasiado de ella, cosa que parece ser su versión de los hechos.

El cielo de esta tarde de finales de julio va oscureciéndose muy despacio. El tiempo pasa y yo sigo aquí, en la terraza, con la mirada perdida, convencido de que va a ser imposible reunir la cantidad de energía necesaria para ponerme a buscar una habitación, comenzar a desmontar mi vida, meterla en cajas que quién sabe si alguna vez volveré a abrir y empezar a aprender a vivir solo.  Espero que, dada su aparente tranquilidad -que me atrevería a calificar de alivio-, Lina me dé unos días de gracia para poder organizarme. ¿Quién lo iba a decir, hace tan sólo dos semanas?

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