Un poco de higiene

Mal-de-Diógenes-emocionalDurante los momentos lúcidos en los que consigo mantener a la nube negra apartada de mis pensamientos, fantaseo con comenzar a hacer algo de higiene en mi vida. Material e inmaterial. Y no hablo de lavarme los bajos o cortarme las uñas de los pies. Hablo de deshacerme, de dejar atrás todo aquello que me ancla al pasado, a vivencias esfumadas, a recuerdos que sólo existen en mi mente y que ya desaparecieron hace tiempo de la memoria de aquellas personas que fueron parte de ellos, de aquellas personas que han sido capaces de seguir adelante con sus vidas y que ya ni saben quién soy, aunque yo recuerde tan vívidamente quién eran ellos.

Síndrome de Diógenes emocional. Así es como lo llamo. He estado mirando las cajas de la última mudanza, esas que no he vaciado porque contienen cosas que posiblemente no vaya a volver a usar, y recuerdo todos y cada uno de los lugares o personas relacionados con ellos. A veces pienso que la mayoría de nuestros recuerdos son perjudiciales para nuestra salud mental, pero por supuesto, eso depende de cada uno. En la misma manera que para algunos su familia es algo que les aporta estabilidad y un lugar donde volver, y para otros es una carga que sólo aporta pena y preocupación, hay gente que disfruta con sus recuerdos de momentos felices y otros a quienes sólo les traen nostalgia y melancolía.

Para estos últimos, entre los que me incluyo a veces, los recuerdos son un ancla que va tropezándose con las piedras del fondo de nuestra vida y no permite avanzar a nuestro barco, no nos permite vivir en el presente, como si necesitáramos que un momento feliz haya quedado en el pasado para poder apreciarlo y disfrutarlo.

Pero cada vez que me planteo comenzar a sacar todas esas cosas de las cajas, vender las que se puedan vender y tirar el resto, noto que se me va la energía como si fuera humo al abrir una ventana. Supongo que es uno de los casos más sangrantes de ruptura de lo que llaman la zona de confort, donde nuestro subconsciente se niega a deshacerse de todo aquello que nos mantiene anclados al pasado, esa especie de droga que nos reconforta en los momentos difíciles, aunque nos hace tanto daño.

Uno de los propósitos de año nuevo será desembarazarme de al menos un tercio de mis cosas. Lo que pueda, lo venderé en Wallapop. Lo que no, a la basura.

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