La Guerra Fría (II)

mil_pedazosY el frágil equilibrio se rompió. Sin tan siquiera haber intentado arreglar algo que ella decidió dar por muerto ante los primeros signos de enfermedad, dijo que ya no podía más. Que “estaba cansada de luchar”. Que no podía aguantar más que yo intentara cambiarla. No podía seguir “sintiéndose culpable por todo”.

Era el fin.

Tras un año de guerra fría, poniéndome a prueba, examinando todas y cada una de mis acciones y palabras, donde quise percibir que el hielo parecía derretirse a veces, para volver a congelarse súbitamente. Una y otra vez. Y eso no hay ser humano que lo resista. Yo tragaba, temeroso de mover el barco y hacerlo irse a pique… pero la frustración habló por mí, le pregunté el por qué de su actitud de frío calculado… y todo explotó en mil, un millón de pedazos, asegurándose de que yo no podría una vez más recoger todos los trozos para tratar de recomponerlo.

Nada de lo que pudiera decir o hacer iba a cambiar nada. Hace ya mucho tiempo que dejó de sentir amor por mí. El problema es que cuando ella me asegura que me quería, yo nunca conseguí verlo. Quizás tiene una manera de querer que pasa inadvertida, o que yo necesito más amor del que ella puede dar.

Será por pena o por no saber cómo, no fue capaz de cortar por lo sano hace tiempo, cuando se imaginó viviendo libre sin mí y mis palabras, sin tener que dar, volviéndose a sentir confortable en su armadura, esa con la que se vino desde su país, esa de la que yo he intentado sacarle durante todos estos años, y de la que ella cree que la quise hacer salir para hacerle daño.

La armadura, esa que todos tenemos, que nos protege de las agresiones externas, pero que también nos hace impermeables a las cosas buenas de la vida. La armadura del miedo, del que quisiera hablar en otro post.

En este momento me encuentro. Y no sé cómo salir de aquí. Seguro que el tiempo todo lo cura, pero cuando no parece haber un futuro hacia el que mirar, a veces uno se pregunta para qué seguir.

Señores y señoras, este es el precio de amar con todo nuestro ser a alguien que no sabe o no quiere dejarse amar.

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2 pensamientos en “La Guerra Fría (II)

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