La tanguerita rusa

Apareció como ese regalo que pediste a los Reyes tras averiguar que eran los padres, y que pensabas que nunca iba a aparecer bajo el árbol porque sabías que no podían permitírselo. Así, sin hacer ruido, callada. Formaba parte del contingente de nuevos reclutas del tango que comenzaron en mi escuela en enero, un trimestre más tarde que yo.

Cuando le preguntaban su nombre apenas salía un hilillo de voz de sus labios. Natalia. Su cuerpo era menudo, casi de niña, encaramado a esos dos vertiginosos tacones de sus zapatos de tango, que se había comprado tras la primera clase, aun cuando no le sobraba ni un céntimo de su exhiguo salario de aprendiz de peluquera. Sigue leyendo

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Escitalopram, por favor

No voy a ser yo ahora un abogado del uso de psicofármacos ni siquiera de cualquier tipo de fármaco para las dolencias que sufrimos en cuerpo y mente. Como me dijo mi médico de cabecera, “es normal que duela”, y quizás en otras circunstancias, en otro tiempo, habría decidido yo “to bite the bullet” o tomar el toro por los cuernos e intentar seguir adelante sin ayuda.

Pero no ha sido el caso. Un día cualquiera, durante el mes de excedencia que pedí en el trabajo para oxigenarme un poco, me vine abajo. Sigue leyendo

Bailando con dos pies izquierdos

tanguilloEl otro día hice una “compra” por impulso.

Había estado leyendo un par de horas sobre lo de cambiar de hábitos para conseguir cambiar de vida, porque lo que está claro es que al seguir haciendo las mismas cosas de la misma manera, los resultados volverán a ser los mismos. Y echando un vistazo a la lista de Meetups (el gran recurso de l@s que, como yo, carecemos de contactos) del día, apareció uno que decía “Noche de Tango”. Sigue leyendo

Esto duele

depressionEsta debe de ser la fase de duelo. Me ha costado llegar, pero aquí estamos.

Ahora reconozco como míos los síntomas, el dolor intenso, intensísimo, ese que te aprieta el estómago. La insatisfacción por todo. La incapacidad para concentrarme. El quedarme sin fuerzas. Lo negro, negrísimo que vería el futuro si lograra verlo. El llanto seco. Sigue leyendo

El estigma de la soledad

lonelinessHoy he salido a dar una vuelta. Hoy era la fiesta de la Mercè en Barcelona y la ciudad estaba en ebullición con miles de actos en la calle. El parque de la Ciutadella estaba lleno de gente. He ido a tomar el sol, a ver que se cocía por allí, y de paso salir un poco de casa para que me diera el aire.

Sé que en los momentos más bajos de la depresión que sin duda estoy recocinando en mi cocina mental particular, es un tema tabú ponerse a reflexionar sobre temas trascendentales como este, pero al ver tanta gente por ahí, no he podido evitar pensar en la soledad. No sólo en la mía, tema recurrente en mi blog y en mis días y noches, sino en la soledad que sin duda es la enfermedad más grave que acucia al ser humano occidental. Sigue leyendo

Vuelta al mercado: el panorama de las webs para conocer gente

the dating game 615Por mucho que mi ego se resiste a dejarla ir y que todos los manuales dicen que NUNCA se tiene uno que poner a buscar el clavo que supuestamente ayuda a sacar el clavo anterior sin dejar pasar un tiempo prudencial, me registré en unos cuantos de esos sitios para conocer gente que tanto abundan en internet.

Se dice que tras sufrir un golpe emocional, se requiere un periódo de duelo que puede durar desde semanas hasta años. El golpe en mi caso fue demoledor. El duelo inmenso. Pero me resisto a dejar que el tiempo pase sin hacer nada. Aunque no digo que esta sea la mejor manera de hacer algo. Pero para alguien que no tiene con quien salir a los lugares habituales, es una de las pocas alternativas que hay. Sigue leyendo

La Armadura del Miedo

ElllevarunaarmaduraNo, no se trata del título de una peli de serie B de la productora Hammer. La armadura del miedo es esa coraza que a modo de costra se nos va adheriendo a la piel a medida que sufrimos decepciones, desamores, golpes varios… en fin, la vida misma. Dentro de esta coraza, que es la mismísima frontera exterior de lo que se suele llamar “zona de confort”, se está calentito y seguro. Allí dentro vivimos con nuestras propias convicciones, dándonos la razón a nosotros mismos, asumiendo esas cosas que nos da miedo preguntar, repitiendo esos mantras tan sutilmente autodestructivos que acceden al hilo musical de nuestra cabeza sin nosotros saber cómo.

Si fuéramos simples islas sin conexión, como huevos en una huevera, esto sería lo que nos protege de la intemperie, ayuda a mantener el calor, la humedad apropiada, nuestra certeza de que tenemos razón y de que “estamos bien”. Pero ay de los pollos que, por muy bien que estén dentro, no consiguen salir del huevo… acaban muriendo, ¿no?

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